Motivaciones heredadas

La respuesta a esta interrogante se encuentra en un segundo juego de motivaciones británicas, es decir, en las ocultas motivaciones heredadas tales como la pérdida del imperio y la renuencia a formar parte activa de Europa occidental. Superpuesta a sus razones contemporáneas para la creación de la presente crisis, ¿no sería posible encontrar en la exageración diplomático-militar británica -hecha aun a costa de sus aliados una razón de arrogancia y despecho? Para la respuesta a esta pregunta es preciso hurgar en el pasado inglés un hecho lo suficientemente significativo como para permitir su alusión a la crisis presente. Esta búsqueda sólo nos puede llevar, en su contexto moderno, a Suez.

Si bien mucho se ha hablado ya de que la crisis de las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur son una “segunda Suez”, este término ha sido utilizado en su contexto exterior: el derrumbe del poderío inglés. Pero, ¿cuáles fueron las lecciones de Suez para los mismos británicos? Lejos de olvidar y avanzar en sus relaciones internacionales, los británicos han dedicado muchísima atención al análisis de Suez.

Estrategos contemporáneos como C. J. Bartlett, J. B. Groom, J. Baylis y otros basan todos sus análisis en la búsqueda de: 1) razones por las cuales falló Suez, y -más preocupante- 2) cómo se puede evitar perder una nueva Suez. Citaré a continuación los elementos principales de estos análisis.

Será útil que el lector vaya equiparando estos elementos al comportamiento diplomático-militar inglés de la presente crisis.

¿Por qué falló Suez?

Las razones por las cuales falló Suez, según Gran Bretaña, fueron, en primer lugar, la demora inicial en reaccionar ante la nacionalización en agosto de 1956. Dentro de este factor tiempo se tiene en cuenta que: 1 ) las operaciones militares deberían de haberse concretado lo antes posible para poder evitar la intervención en favor de Egipto de terceros países, como efectivamente sucedió durante la intervención de los EE.UU. y las Naciones Unidas en octubre-noviembre de 1956, y 2) la renuencia a actuar velozmente por parte de Gran Bretaña que no disponía de fuerzas en el área como para reaccionar inmediatamente, que luego demoró seis semanas en reunir la fuerza de choque, y que basó su planteamiento de la operación con demasiada cautela al sobreestimar el poderío egipcio. La decisión misma de no tomar muchos riesgos físicos causó fricciones con sus socios franceses.

En segundo lugar, se reconoce que, aparte del factor tiempo en la reacción inmediata, a partir del mes de septiembre de 1956 la total cronología de la operación fue determinada por consideraciones políticas que llevaron al gobierno inglés a rehusar atacar a Egipto (por aire, desde Malta) antes de presentar un ultimátum formal. Lo cierto es que se puede probar que, militarmente, Gran Bretaña pudo haber mantenido el canal si el gobierno inglés no hubiera cedido ante presiones externas. Se cree, en general, que la recuperación del canal hubiera colocado a Gran Bretaña en una mejor base para iniciar negociaciones y al mismo tiempo satisfacer en algo los intereses emocionales y ambiciosos de la psicología imperial.