La voz de la empresa Georgias del Sur

Pasaron casi tres meses desde aquel primer viaje. El 12 de marzo de 1982, la empresa Georgias del Sur encaró otro viaje a la isla San Pedro. Esta vez, 42 personas iban a encargarse del desmantelamiento de la factoría. La empresa Georgias del Sur recibió a GENTE en una oficina, la 107, del primer piso del edificio de la calle Suipacha 207, donde una placa reza: “Doctor Juan Carlos Olima – Abogado”. El responsable de la empresa, Constantino Davidoff, decidió no contestar y que lo hiciera por él el doctor Olima. Este fue el diálogo:

– El buque sale el día 12 a las cero horas y llega el 19. Permanecen en el lugar cinco días hasta tanto se dieran por finalizadas las tareas de armado del campamento. Viajan en el buque 42 personas de las que deben regresar tres. Lo hacen dos, ya que el operador de radio debe quedarse porque se presentan problemas en la instalación de la antena. La carga consistía en: grúas montadas sobre orugas, lanchas para el transporte del personal, autoelevadores, motopalas, tractores, equipo pesado y ochenta toneladas de equipo liviano, provisiones y equipo médico. De allí en más no tuvimos ninguna información. Nosotros nos enteramos de lo sucedido por medio de las noticias dadas a conocer por los servicios periodísticos. Y decidimos mantener silencio en nuestras comunicaciones para salvaguardar la seguridad de nuestros operarios. Todos los días hablamos con ellos pero nuestras conversaciones son casi siempre las mismas. Ellos dicen: se está trabajando ciento por ciento. Las condiciones climáticas son malas. Lluvia, frío. Todos están en perfecto estado de salud. Inclusive hemos hablado con el médico, Walter Pereyra, y nos ha informado que hasta el momento todo el personal se encuentra perfectamente bien.

– ¿Si se produjera algún tipo de problema, esta gente a quién acudiría? ¿Quiénes están en condiciones de ayudarlos?

– La única conexión que tienen es por nuestro intermedio. A la isla de San Pedro se llega solamente por barco. No hay otro medio de transporte. Una pregunta que nos haríamos en caso de dificultades es ¿en qué barco?, y segundo ¿a qué costo?

– ¿Esas personas, entonces no cuentan con ningún tipo de ayuda inmediata?

– Todo está previsto, las condiciones médicas son inmejorables.

– Mi pregunta es: ¿si se produjera algún tipo de fricción, a quien recurrirían?

– Esa es una hipótesis. Y como tal no voy a contestarla. Sólo hay una pequeña guarnición británica en esas islas y no se ha producido ningún tipo de enfrentamiento. Siempre hay mecanismos internos a los que se puede recurrir para avisarnos de cualquier contratiempo.

– ¿Cómo fue seleccionado el personal?

– Por la firma Montelmec a cargo del señor Domínguez (ponga Domínguez nomás, sin el nombre). El primer viaje a las islas lo efectuó el propio Domínguez junto al actual director de las obras para supervisar el lugar, las condiciones de trabajo y coordinar la fase operativa para después hacer una precisa selección del personal, buscar la gente adecuada, hacer posteriormente los exámenes clínicos y armar el operativo. En éste intervinieron un médico, un enfermero bioquímico y un psiquiatra a efectos de eliminar todas aquellas personas que determinaran rasgos incompatibles. En total fueron seleccionadas treinta y nueve personas aptas para convivir por un período bastante largo.

– ¿Cuál considera usted que fue el origen del problema? – Sinceramente buscamos el origen pero creo que el mismo fue planteado pura y exclusivamente por las autoridades británicas.

– ¿Piensan relevar a esas personas, interrumpir la obra?

– Esto ha llevado mucho tiempo, demasiado esfuerzo y mucha inversión. Honestamente no vemos ninguna razón para hacerlo. Por otra parte, de las comunicaciones diarias mantenidas no se desprende de parte de ellos, ningún deseo de volver hasta tanto no se haya finalizado el trabajo.

– ¿Cuándo tendría que darse por terminado el trabajo?

– De acuerdo al contrato teníamos tiempo hasta el 31 de marzo de 1983, pero hubo por nuestra parte una solicitud de prórroga al que la empresa Christian Salvensen Limited accedió, previo pago de treinta mil libras esterlinas. Así es que los trabajos continuarán sin interrupción.

– ¿Ustedes cuentan con equipo de radio propio para comunicarse con la isla?

– Para mayor comodidad ha sido trasladado hasta la casa de un radioaficionado y él ha pedido que su nombre y dirección permanezcan en el anonimato. No podemos darles ningún otro tipo de información. Sólo podemos decirle que todos están perfectamente y con deseos de seguir cumpliendo sus funciones en ese lugar.

– Tampoco

– Capitán, ¿entre el grupo de pasajeros había hombres que de pronto no tenían nada que ver con la empresa Georgias Sociedad Anónima?

– ¿Usted quiere saber si había hombres de la Armada entre esa gente?

– Sí

– No, no había gente de la Armada. Eran todos trabajadores.

– El “Bahía Buen Suceso”, ¿operó normalmente durante el tiempo que permaneció en ese puerto?

– Nosotros operamos perfecta y normalmente. No vimos ningún buque extranjero ni nada de eso. Todo consistió en preparar los muelles porque no se encontraban en buen estado. Al estar inactiva esa factoría, el muelle no se usaba. Así que tuvimos que hacer algunos arreglitos para descargar los equipos.

– O sea que no hubo interferencia durante esos tres días.

– Para nada. En absoluto.

– ¿En esos tres días tuvieron algún tipo de comunicación con otros buques que operaban en la zona?

– No, no… Le vuelvo a repetir: nosotros hicimos la penetración –llamémosla de esa manera- a la isla, cumplimos las tareas y después nos fuimos.

– ¿Ustedes tuvieron que pedir algún permiso especial para amarrar en Georgias?

– Bueno, sobre ese punto yo entiendo que todo se hizo por las vías diplomáticas correspondientes. La prueba está que nosotros llegamos y no fuimos “interceptados”, por así decirlo, por nadie.

– ¿Cuándo se entera usted de lo sucedido en la isla San Pedro?

– Bueno, por radio. Nosotros nos enteramos de lo sucedido mientras estábamos en camino a Ushuaia.

– ¿Qué pensó usted, capitán?

– Me sorprendió, por supuesto. Cuando llegamos a Ushuaia terminé de enterarme de los acontecimientos por los diarios y los noticieros.

– ¿Nadie le pidió a usted un informe?

– No, para nada.

– ¿Ni siquiera lo llamaron de Buenos Aires? ¿No fue llamado por la Cancillería?

– Tampoco.

– ¿Cuál era el ánimo de su tripulación, capitán?

– Normal. No han vivido ninguna experiencia extraordinaria, salvo la de conocer un lugar para algunos nuevo.

– Quiero decir si de pronto hubo tensión en el buque…

– No, nunca. Nunca porque no se presentó ningún acontecimiento anormal como para producir ese clima de tensión que usted se refiere.

– Volviendo al tema del desembarco, capitán, ¿por qué cree usted que pasó lo que pasó?

– No puedo responderle. Vea: nadie en este buque vio nada. Le repito: yo me entero de lo sucedido por radio y en camino a Ushuaia.

– ¿Hace mucho que es capitán del “Buen Suceso”?

– Hace aproximadamente doce años que estoy en el Servicio de Transportes Navales, y al mando del buque a mediados de 1979.

– ¿De qué hablaban los pasajeros con usted?

– ¿Mientras nos acercábamos a Georgias? Bueno, de trabajo, de las islas. De nada más. Créame lo que le digo: nunca se habló de otro tema que no fuera ése. Por otra parte, yo creo que los comunicados oficiales que se están dando sobre este episodio son bien claros, ¿no?

– Sí, pero…

– Sí, sí, ya sé a dónde quiere llegar: el “Buen Suceso” fue en cierto modo el “promotor” de esta aventura, pero quiero aclararle que lo único que hicimos nosotros fue trasladar a un grupo de hombres a ese lugar y nada más.

– La última pregunta, capitán, ¿cómo cree que va a terminar todo esto?

– Tendría que terminar bien, ¿no le parece?