Inicial ambivalencia norteamericana

Inicial ambivalencia norteamericana

La ambivalencia inicial de la respuesta norteamericana, la intensidad de su subsecuente oposición y la rigidez de las percepciones del primer ministro Eden generaron un choque que sacudió a la alianza misma de Occidente. Las fuerzas militares norteamericanas no solamente obstaculizaron indirectamente la invasión del canal; también la especulación financiera en Washington llevó a Inglaterra al borde de la quiebra.

Cuando llegó el alto el fuego del 6 de noviembre de 1956, éste fue claramente el resultado de la presión norteamericana (y de la falta de cooperación operacional que presentó Europa occidental). ¿Es, pues, tan extraño ver que el gobierno inglés ahora exige al gobierno de Reagan la toma de una posición inflexible probritánica? ¿No se puede encontrar una lógica a la acción británica de presionar a los EE.UU. dándoles un limite para negociar, y actuando antes del límite?

Es demasiada coincidencia ver como Gran Bretaña aplica a la crisis del Atlántico Sur todas las medidas que juzga hubieran bastado para salvar su posición en Suez (o por lo menos no perder tanto prestigio). Al hacer esto quizá confía de alguna forma en revertir “la condena” que representó Suez para el poderío británico.

En este ejercicio, Gran Bretaña, parece haber olvidado algo. Las relaciones internacionales se caracterizan por el angosto margen entre la habilidad y la ineptitud de la toma de decisiones: si bien muchas decisiones correctas acarrean, a la larga, resultados negativos y viceversa, lo que no está permitido en ningún caso es recrear una situación o un mismo error para rescatar un orgullo herido.